El marketing olfativo o aromarketing es una estrategia sensorial infalible de la mercadotecnia, en ella se usa olor con el objetivo de atraer la atención de las personas y conquistarlas mediante fragancias particulares que puedan asociar con el consumo de una marca, un producto o un lugar, ya que hace más placentera y positiva la experiencia de comprar para que ésta sea repetitiva y constante.
Y es que “del aroma nace el amor”, o al menos brinda ciertas ventajas en estrategia de negocio, pues de acuerdo con la consultora internacional Deloitte, el uso de los olores, que hagan empatía entre un producto o lugar y sus clientes logra incrementa hasta 26 por ciento el tiempo de estancia en los comercios, además, también eleva las ventas aproximadamente 20 por ciento.
Dichas razones convierten al olfato en una herramienta muy importante para el mercado, pues lo que buscan todas las marcas, además de lograr incrementar las ventas, es ser reconocidas y permanecer en la mente de las personas, un objetivo que se logra mediante el marketing olfativo o aromarketing, ya que este puede “conquistar” a la gente de forma sutil para influir en sus emociones, memoria y percepción, ello abre la puerta para tener una mayor demanda de los servicios o artículos, pues se estimula el deseo de compra.
Otro elemento de suma importancia es la compatibilidad, por lo que se debe seleccionar una fragancia efectiva y acorde al producto, servicio o lugar, capaz de vincularlos y darles esa armonía e identidad mutua en el mercado, al mismo tiempo, asegurar que se logre estimular y alcanzar ese efecto de satisfacción en los consumidores, pues se debe tener presente que los olores son subjetivos, ello quiere decir que lo que a una persona le gusta a otra le puede ser desagradable, ahí la relevancia de estudiar los aromas que generen bienestar para la mayoría del público.
La importancia de dichos factores y retos en la aplicación del aromarketing es porque cada día se usa más como una estrategia en diversos tipos de negocios, desde tiendas departamentales y de tecnología, hasta en sucursales de agencias automotrices, pero también en restaurantes o establecimientos de comida rápida, incluso se están haciendo más presente en oficinas, librerías, gimnasios y funerarias, se afirma en una publicación de Deloitte.
Esta táctica gana cada vez mayor terreno en el mercado porque se ha comprobado que un entorno o producto perfumado es capaz de mejorar el día de una persona, ayuda a disminuir la sensación de estrés y hace más positivo el estado de ánimo de los clientes al percibir una experiencia sensorial cálida, segura y cuidada, esto provoca que se cree un momento agradable, lo que aumenta el deseo de consumo e incentiva el querer comprar nuevamente para sentir la misma satisfacción.
Además, se ha concluido que al incorporar una experiencia olfativa que conquista a las personas, también se ha logrado persuadir a los clientes cuando el valor de un artículo o servicio aumenta, pues el aroma añade un valor adicional que hace sentir a un lugar o producto como “algo especial” en lo que vale la pena invertir más.
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