El marketing olfativo es una herramienta clave que se emplea para que los productos y servicios no solo alcancen el éxito en el mercado, si no también para que este sea constante o crezca con el paso del tiempo, objetivo que se ha conquistado de manera más práctica al implementar dicha estrategia. Esta es la razón por la cual se ha vuelto tan popular en la actualidad, y para entenderlo, basta conocer cómo nació y su desarrollo con el paso de los años.
La historia del manejo de las fragancias con fines de venta es más antigua de lo que se podría imaginar, pues si bien fue hasta la década de los noventa cuando se declara oficialmente su descubrimiento, el impacto de los aromas que se dispersaron por el aire del pan recién hecho o de las flores y frutas de temporada, por ejemplo, han sido los conquistadores del olfato de millones de personas durante siglos y la razón que las motivó a realizar ciertas compras.
Y es que la trascendencia del manejo de los perfumes para remover sentimientos o recrear ciertos ambientes es una práctica que se ha desarrollado, por lo menos, desde las grandes civilizaciones del antiguo Egipto, Grecia y Roma, las cuales desarrollaron mezclas de aromas para emplearlos en rituales religiosos o terapias, con el fin de sumergir a las personas en estados de ánimo específicos y de sensaciones de bienestar, de acuerdo con información de las empresas europeas de marketing olfativo.
Los periodos clave
El paso del tiempo le abrió las puertas a la Edad Media, que abarca desde el año 476, con la caída del Imperio Romano, hasta el descubrimiento de América en 1492, periodo en el cual los influjos que provocan los aromas comienzan a ser más aprovechados por los comerciantes, quienes vendían perfumes a Europa, haciéndolos tan populares y deseables que se llegaron a considerar como símbolos de lujo y estatus.
Posteriormente, el mundo entra a la Revolución Industrial, que abarca entre los años 1760 y 1840, época que da un impulso importante al uso de las fragancias, ya que ahí es donde comienza la producción en masa de artículos perfumados, dando como resultado que los aromas se hicieran más accesibles para el público en general y que las tiendas comiencen a utilizarlos para atraer a los clientes.
Década tras década los aromas se siguen posicionando como un elemento importante para la sociedad, pero en 1990 ocurre un parteaguas, pues se descubre de manera oficial el marketing olfativo, cuando el profesor de la Universidad Estatal de Nueva York, Joel Sussman, se da cuenta del potencial de atrapar al sentido del olfato para manipularlo. Aprovecha sus conocimientos de marketing y psicología, especialmente su especialidad sobre estructura neuronal y comportamiento del sistema nervioso central, para estudiar los efectos de los aromas en los sentimientos, las decisiones y los comportamientos que generan en las personas.
El éxito de su descubrimiento se hace público para el mundo hasta el año 2001, ya que el periódico estadounidense, The New York Times, publica un artículo sobre el márketing olfativo, el cual para el momento ya es tan eficiente que incluso Coca-Cola y Calvin Klein lo utilizan, pues resulta ser muy efectivo para incrementar sus ventas.
Desde entonces su crecimiento en todo tipo de empresas sigue floreciendo, al grado que cada vez es más popular y apunta a seguir siendo prometedor a futuro





























